miércoles, 6 de junio de 2007

«Bolivia puede enseñar al mundo la nueva vía»


Antonio Araníbar Arze
Investigador del Informe de Desarrollo Humano del PNUD

Este economista considera que la respuesta no es concebir un Estado fuerte. Por el contrario, el nuevo Estado boliviano debería fortalecer las instituciones de la sociedad. Habla de los resultados del informe del PNUD, presentados hace tres semanas


José Andrés Sánchez

- Cite tres definiciones para describir el estado actual de Estado boliviano
- Éste es un Estado débil frente a una sociedad fuerte. Ése es el primer rasgo característico de la construcción estatal en Bolivia. No es un Estado fallido, ni fuerte, ni homogéneo. Nosotros preferimos definirlo como un 'Estado con huecos'. Hay lugares donde el Estado no llega y allí es donde nacen y se fortalecen las organizaciones sociales; a tal punto que adquieren cualidades casi estatales, debido a sus usos y costumbres.
En algunas zonas se evidencian prácticas que valen la pena mantener y en otras se dan acciones que promueven particularismos y disputas, en vez de construir espacios comunes. Es un Estado en permanente construcción.

- ¿Cómo explica que a pesar de todas las fallas, el ciudadano boliviano aún tenga esperanza en el Estado?, ¿qué dice eso de los bolivianos?
- Hay distintos imaginarios sobre el Estado y uno de ellos responde a esa pregunta. Los bolivianos se refieren generalmente a tres niveles estatales. El primero es el imaginario del 'Estado padre', que es una aproximación normativa del estado ideal, del 'deber ser'. Ahí lo vemos como un padre al que hay que reclamarle ciertas cosas, pero a la vez es un padre lejano y ausente. Pero siempre volvemos a él.
Otra forma de verlo es el 'Estado como gobierno'. Los bolivianos hemos asociado este nivel de Estado como un gobierno capturado por minorías que no representan a toda la ciudadanía. En este nivel somos muy críticos con las instituciones y autoridades.
El último imaginario es el del 'Estado cotidiano'. Lo vivimos cuando nos acercamos a realizar un trámite, a sacar nuestro carné de identidad o a gestionar nuestra personería jurídica. Los bolivianos tenemos la idea del Estado difícil, engorroso y discriminador.

- Otra parte de los bolivianos no acepta cambios y no los quiere, ¿por qué tanta desconfianza al cambio?
- Los datos que tenemos muestran de forma consistente que todos los bolivianos piden un cambio profundo. Ahora, hay nociones distintas de lo que significa el cambio. En Santa Cruz y el resto del oriente boliviano el cambio está asociado a las reivindicaciones de las autonomías departamentales. El 60% de los bolivianos apoya un cambio con concertación y estabilidad política. Hay otros grupos que apoyan cambios aún cuando produzcan conflictos, ése es el 30% de la población.

- Se ve desde algunos sectores que el problema es sólo económico y no tan profundo como proponen los seguidores oficialistas, ¿es posible que así sea?
- El informe plantea al menos cuatro grandes retos y el primero de ellos tiene que ver con la economía y con la necesidad de construir una economía de base ancha. No necesitamos una que dependa en 80% del gas y sus exportaciones. Ahí la agroindustria cruceña y los microempresarios alteños son los grandes actores.
Otros desafíos van por el camino del fortalecimiento de la democracia. Esto se logrará con instituciones más participativas y con mayor control social. Debemos ver cómo esta democracia combinará la gobernabilidad vertical con la horizontal, es decir la relación entre el gobierno nacional y los gobiernos departamentales autónomos. En esencia, el reto es combinar interculturalidad con autonomías.

- Se dice en las charlas informales que Bolivia está en la mirada del mundo, que 'estamos de moda', ¿es cierto o se trata de otro producto de la imaginación nacional?
- Algo de cierto hay pero no totalmente. Esa percepción a la vez tapa una parte de la realidad. Ésa es precisamente la definición de un imaginario. Tenemos datos presentados en el informe que muestran la regularidad en la que Bolivia aparecía en las noticias de seis países: España, Estados Unidos, Brasil, Argentina, Chile y Perú. Los resultados muestran que a nuestros vecinos les importa el proceso político boliviano y sobre todo lo que haremos con nuestro gas. En promedio, lo que encontramos durante diciembre de 2005 y los primeros meses de 2006 fue que se publica una noticia y media por día en los diarios de Chile y Argentina. Una noticia en los periódicos brasileños y peruanos y media noticia en España y Estados Unidos.

- ¿Qué parte oscurece este imaginario?
- Que no estamos en el centro del mundo. Bolivia representa el 0,8% del Producto Interno Bruto latinoamericano y el 2% de la población del continente. Por lo tanto, nuestro rol se circunscribe a lo que tenemos. ¿Qué tenemos de interesante? Uno es el gas y dos la posibilidad de mostrarle al mundo que el proceso político boliviano es complejo y que desde acá se está forjando una nueva vía.

- Entonces, somos una nación bastante creativa…
- Es notable el proceso de cambio y nosotros hemos apelado a la definición del 'sentido común' en los bolivianos. En momentos de tremenda polarización de repente emergen otras salidas y Bolivia va forjando su camino. Es un momento de especial creatividad y tendremos que serlo para combinar autonomías departamentales con autonomías indígenas. Seguramente tendremos mucho que enseñar al mundo en el tema de autonomías.

- Más allá de la teoría, ¿es posible la plurinación?
- Estos debates en torno a las nacionalidades y culturas, en lugar de alentar posiciones separatistas, hacen crecer un sentimiento de nacionalidad y pertenencia. Por ejemplo, mientras más camba me reivindico, más boliviano me siento. Mientras más indígena me proclamo, más boliviano me siento. Mas allá de nuestra diversidad, todos los bolivianos coincidimos que, ante la ausencia de normas claras, todos somos uno.

- ¿Es posible llegar a enfrentamientos entre sectores de la población?
- Lo sucedido en Huanuni, Cochabamba y el Chaco refleja las tremendas tensiones de la sociedad. Estas tensiones se producen por la magnitud del cambio que se está viviendo en el país. No creemos que haya posibilidades de un enfrentamiento a gran escala entre bolivianos. Hemos vivido momentos como diciembre de 2005 en los que la gente salía a las calles a exigir y protestar. Es probable que vivamos esas cosas de nuevo. Que la gente haga política en las calles. Pero es el sistema político el responsable de articular la concertación y encausar soluciones novedosas y democráticas. Ésa es siempre la vía boliviana.

- De la manera en que funciona el Estado actualmente, ¿cómo define el papel del ciudadano en Bolivia?
- En Bolivia es notable que apreciemos cada vez más a la Constitución como ámbito de derecho y a la democracia como el mejor régimen político para ejercer esos derechos. Hay una noción amplia de la democracia y nos consideramos ciudadanos. La valoración es clara e igual en Oriente y Occidente. Decimos que hemos avanzado mucho en derechos políticos pero queda mucho por hacer en derechos económicos y sociales. Por eso no llama la atención que la Comisión de Derechos, Deberes y Garantías sea la que más propuestas recibió en la Asamblea Constituyente. Esos son los temas centrales que el boliviano espera que se toquen con mayor énfasis en Chuquisaca.

- ¿Qué imaginarios unen a los bolivianos?
- Hay cinco temas en los que los bolivianos estamos de acuerdo. Tenemos respuestas por encima de los dos tercios y más del 80% en cada uno de ellos. Todos queremos cambio profundo. Cuando dudamos que las autoridades sean capaces de implementar políticas públicas y vemos que se dan conflictos políticos, los bolivianos nos ponemos pesimistas. Pero si se combina cambio con estabilidad, confiamos en la democracia. Segundo: la recuperación de los recursos naturales y su industrialización es vital. Valoramos la diversidad del país, pero somos bolivianos iguales. Acá hay una nación en construcción y una sociedad heterogénea y compleja. Pero a la vez hay un tejido unificador que los discursos políticos no toman en cuenta. Además, apoyamos la democracia, aunque hay insatisfacción y se demandan nuevas formas de participación. Por último, hay consenso en que la Asamblea Constituyente es el espacio central para el cambio.

- ¿Cuáles imaginarios nos separan?
- El imaginario en torno a las autonomías es polarizante. Por eso el resultado del referéndum mostró división de opiniones en el país; con conceptos muy positivos en el oriente y sur del territorio y con conceptos muy negativos en occidente. En oriente y sur es un imaginario de desarrollo, administración de recursos, elección de autoridades e instituciones cercanas. Para el occidente la autonomía es conflicto. Significa que la administración de recursos por departamento traerá inequidad e incluso dentro de los departamentos los más ricos las ganancias se las repartirán los ricos. Están viendo en riesgo la unidad nacional. Lo importante es que cualquier diseño debe ser percibido como unitario y solidario. Eso podría unir a todos los bolivianos.

- ¿Es simplemente una cuestión sentido común?
- Acá hay un sentido común que está dentro de la sociedad boliviana y que se debe reflejar en el debate político. Si los actores políticos siembran el camino de coincidencias en vez de atizar los imaginarios polarizantes, podremos combinar las propuestas autonómicas de oriente y occidente, las departamentales con las indígenas. Ciertamente habrá una salida y seremos un caso de estudio a todo nivel, si lo logramos. Si conseguimos las autonomías acertadas, esta vez los españoles vendrán a estudiarnos.

- Tres palabras para describir el estado ideal del Estado.
- Debe ser un Estado fuerte. Con eso no nos referimos a un Estado que llene 'los huecos'. No queremos un Estado que suplante la organización de la población, sino un Estado que fortalezca a la sociedad. Con autoridades elegidas que interactúen con una sociedad muy fuerte. El Estado ideal debe construir un espacio público común. Así este país no será más desigual y su unidad nacional no correrá más riesgos.

El IDH en libro, en la tv y el cine
Licenciado en economía por la Universidad de Paris IX (Francia) y candidato a doctor en Modelización Económica Aplicada por la Universidad Autónoma de Madrid (España).

Sus especialidades son los estudios de economía de la desigualdad, pobreza, desarrollo regional y local, coyuntura político-económica y Escenarios prospectivos.

Junto a los investigadores Fernanda Wanderley, Verónica Paz y José Luis Exeni, elaboró el Informe Nacional sobre Desarrollo Humano 2007, titulado ‘El estado del Estado en Bolivia’.

Los trabajos de investigación se iniciaron en octubre de 2005 y contaron con el apoyo de sociólogos, historiadores, cientistas políticos y otros estudiosos de la sociedad boliviana. El trabajo presentado hace tres semanas por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo viene acompañado de un programa de televisión dirigido por Juan Carlos Valdivia y un documental dirigido por el cineasta Marcos Loayza. Dentro de un mes presentarán los resultados de las encuestas.