jueves, 17 de mayo de 2007

FOTOPERIODISMO



LA VIDA POR UNA IMAGEN


José Andrés Sánchez
Más allá de las palabras, los relatos y las descripciones. Más allá de las declaraciones vacías y las acusaciones dirigidas. Del lado de la realidad. Ellos son el ojo constante que capta la esencia de lo que nos rodea. Son ellos los que guardan en nuestra retina todo el dolor y la inmensa alegría de una ciudad, de un departamento, de un país y del mundo. Al escribir acerca del fotógrafo de prensa, el cronista sabe que se enfrenta a un desafío poco usual. Ésta es una ocasión especial. Por primera vez quedan de lado los políticos, las autoridades, los dirigentes sociales y sindicales, los artistas o los deportistas. Ahora es el turno de escribir acerca del fotógrafo que muestra día a día lo que su ojo captó en los barrios del país. Es el animal de calle que no teme insertarse en los ambientes más hostiles, jugar a las escondidas entre manifestantes y fuerzas del orden, esquivar balas, palazos y otros golpes o preocupar a la familia... todo por conseguir la imagen más impactante.


LA ADRENALINA EN LAS VENAS

Dos grupos de choque se encuentran en las calles de la ciudad. Un alcalde es quemado por los pobladores de un pueblo en el altiplano. Dos grupos mineros destruyen la localidad en la que viven con tal de ganar el control de un cerro milenario. Son escenarios de alto riesgo en los que cualquier ciudadano consciente y responsable evitaría ingresar. Incluso muchos periodistas prefieren mantenerse al margen y tomar notas desde la seguridad de la distancia. Pero en medio del meollo, donde las ‘papas queman’, se encontrará siempre, como un invisible testigo de la realidad, el fotógrafo que busca captar el momento preciso para luego correr al diario y ver al día siguiente su trabajo publicado en la tapa del periódico.


¿Qué los motiva? “En este rubro tienes que sentir la adrenalina. Delante de los conflictos te sientes vivo y la sangre hierve. Somos invulnerables en ese momento... pero estamos equivocados”. Así se refirió el fotógrafo Aizar Raldes al ser consultado acerca de la emoción que siente en su trabajo. Cuando el ambiente se caldea, este profesional de 37 años, olvida a sus tres pequeños y a su esposa. Sucede que el periodista gráfico no puede perder la oportunidad de obtener la foto histórica por resguardar su vida. ¿Valores en conflicto? Ellos reconocen que algo malo les debe ocurrir en la cabeza, pero es la vida que eligieron y la aman.


HOMBRES DE SENTIMIENTOS

Durante el conflicto de febrero de 2003, el fotógrafo Juan Carlos Torrejón se encontraba en la plaza Murillo. Lente en mano y vista fija en los enfrentamientos entre policías y militares, este profesional paceño se sentía seguro al lado de un policía apellidado Caballero. “Choquito, ten cuidado”, le dijo el policía. Tras escuchar estas palabras, Torrejón sintió que algo (o alguien) detrás de él se golpeaba contra el muro de un edificio. Volvió la mirada para cerciorarse y entonces lo vio. Aquel policía que hacía segundos le había hablado estaba ahora tendido en el piso y con la máscara de gas ensangrentada. Quería hablar pero no pudo. Murió. Torrejón tiró la cámara, se largó al piso y soltó las lágrimas.


INICIOS Y LA GRAN DECISIÓN

El fotógrafo de prensa es un nómada. Hace su carrera yendo de un medio a otro, de una ciudad a otra o de un país a otro. Algunos buscan su independencia y otros la seguridad de un medio. Pero antes que todo, ellos quieren relucir en su trabajo y disfrutan el efímero reconocimiento que les otorga una fotografía asombrosa. Por ejemplo, Raldes ha puesto su firma en dos revistas, tres diarios y una agencia nacional de noticias antes de obtener un puesto privilegiado en la Agencia Francesa de Noticias (AFP). Torrejón estuvo en tres diarios antes del ingresar a trabajar en el periódico EL DEBER.


Rolando Villegas pasó por todos los matutinos y algunas revistas de Santa Cruz de la Sierra. Es por este motivo, quizá, que la competencia dura que se da entre medios de información no repercute entre los colegas fotógrafos. “Somos muy solidarios entre nosotros. Jamás vi, en Bolivia o el exterior, que uno de nosotros le niege ayuda a otro. Entendemos que el trabajo lo tenemos que realizar unidos”, aclara Raldes. Es que a todos los une la pasión por la fotografía. Todos ellos iniciaron su carrera con el sueño de dedicar su vida a recorrer las calles y captar las imágenes que les rodean, así sean grandes fiestas o catástrofes. “Recuerdo la primera vez que agarré una cámara - rememora Torrejón - Estaba loco por tomar fotos. Todo gracias a mi padre, que era un aficionado”, dice.


ENTRE EL ARTE Y EL PERIODISMO

El actual premio nacional de fotografía periodística, Max Toranzos, suele retornar a su casa y revisa las fotos que tiene guardadas en la memoria de su cámara. A veces no recuerda en qué momento tomó algunas imágenes o qué hizo para lograrlas. “Las cosas pasan como un rayo. Tenés segundos para ‘tomar’ el momento. En un fotógrafo de prensa el instinto es muy importante y eso es algo que se consigue con el tiempo y la práctica”, explica el fotógrafo que lleva seis años dedicado a este rubro periodístico. Para él, se deben seguir tres reglas claras a la hora de realizar una cobertura noticiosa con una cámara: conocer el instrumento de trabajo, tener una noción acerca de iluminación y tratar de llenar la imagen con información, a todo momento y a como dé lugar.


Entonces surge la interrogante... ¿son artistas o periodistas? “Somos ambas cosas”, responde Toranzos con seguridad. “Es como un periodista que tiene todas las aptitudes para ser escritor. Lo que tenemos es un don para fabricar imágenes, con mucha creatividad y pocos recursos”, finaliza.El homenaje más grande para estos profesionales de la imagen no está en los premios o las felicitaciones en las calles. Se encuentra dentro de ellos mismos, en el ego y orgullo que sienten al saberse privilegiados por observar en primer plano los momentos históricos que vive la sociedad.


SANTA CRUZ TIENE SUS PROFESORES

Ahora las cámaras vienen en todo tamaño y no necesitan rollo. Las imágenes se pueden editar en computadoras y el formato automático permite tomar decenas de fotos por segundo. Así es ahora. Pero hasta hace pocos años, menos de diez, los fotógrafos se debatían entre el tiempo que se iba rápido y las dificultades tecnológicas.


Santa Cruz de la Sierra tiene sus próceres del periodismo gráfico. Son personas que se animaron a tomar una cámara cuando pocos entendían de qué se trataba. Por instinto y curiosidad decidieron ser los primeros en captar las situaciones y personajes que dejaron su huella.


José Carranza fue uno de ellos. Ahora retirado y propietario de un estudio de revelado, este hombre de 65 años es considerado por muchos como el gran maestro de la fotografía cruceña. “Todavía extraño mi trabajo, pero en 1992 entendí que era el turno de que una nueva generación tome las riendas”, dice ahora, rodeado de innumerables negativos en los que guarda joyas del periodismo deportivo: las visitas de Pelé y Maradona, el primer campeonato de Oriente Petrolero o las eliminatorias mundialistas.


Un poco menor, con 59 años, Elvio Montero también tiene su lugar guardado en la historia. Este hombre que inició su carrera periodística como barrendero de un periódico, llegó a conocer años más tarde países como Chile, Suecia, Alemania, Finlandia, China, España y Suiza. “Antes éramos considerados la quinta rueda del carro, pero con los años el fotógrafo fue adquiriendo más notoriedad en los medios. Me gustaría pensar que gracias a mi trabajo contribuí un poco a que ese cambio se produzca”, afirma. Ahora Montero es el orgulloso padre de dos fotógrafos reconocidos en Bolivia: Ricardo y Regis.


Cuando llegaron las nuevas tecnologías, la mayoría de los reporteros gráficos colgaron la cámara. Uno de los pocos que enfrenó los cambios y se adaptó es Agapito Paco, que lleva 24 años publicando sus imágenes en las páginas de EL DEBER. Incluso este hombre de 64 años dejó su lucrativo negocio como comerciante de ropa para dedicar su vida a captar la realidad. “No voy a dejar nunca de tomar fotografías. Estoy cerca de retirarme, pero tengo una cámara propia en mi casa y seguiré divirtiéndome con ella”, dice.


La experiencia de estos personajes ha servido para formar a los profesionales del presente, que no ocultan su admiración por ellos cuando escuchan sus nombres. Las generaciones se renuevan, pero la pasión tiene siempre la misma intensidad.

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